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BEBO VALDÉS

"Teclas de oro"

Bebo Valdés nos ha dejado. Nos ha dejado tanto bueno. Desde el año 1.918 en que abriera por primera vez los ojos en Quivicán, ha visto tanto. Desde la primera orquesta Valdés-Hernández que cofundara en su pueblo natal hasta sus últimas colaboraciones con Estrella Morente para la banda sonora de la película de Fernando Trueba "Chico y Rita", ha vivido tanto. Trueba lo rescató del olvido en su película "Calle 54", también volverían a trabajar juntos en "El milagro de Candeal" . Lo rescató poco después de que lo intentara Paquito D´Rivera, a quien conocía desde niño por amistad con su padre. Trató de animarle para que montara una orquesta, su otra gran pasión en su faceta de director-compositor. De aquel encuentro en 1.994 salió también el disco "Bebo rides again". Antes, un exilio de treinta años en Estocolmo, tocando en la intimidad de un hotel para los allí alojados. Bebo hablaba muy bien con sus teclas en la intimidad. Esa intimidad que Trueba recoge en "Calle 54" en un emotivo abrazo de reencuentro entre Bebo y su hijo Chucho. La escena había ocurrido prácticamente igual hacía poco tiempo. Esa intimidad también queda plasmada en el disco que junto al contrabajista Javier Colina grabara en The Village Vanguard. El lugar donde el mismísimo Bill Evans grabara su clásica versión de "Waltz for Debby" y que en este caso, pese a un repertorio impuesto, rebosa arte por los cuatro costados.

Su tremenda capacidad de creación queda ya patente en su pronta incursión al Mambo que luego trajera Pérez Prado o a la invención de un nuevo ritmo que bautizó con el nombre de batanga. Los cambios musicales en la Cuba de la época viajaban en un tren de alta velocidad. Un tren por el que circulaban constantemente músicos de jazz con quienes empezó a "descargar". De aquello surgió algo más fuerte. El jazz dialogando sobre la ida y vuelta de todo un caudal cubano. Se desbordó en lo que se llamaría latin jazz. Allí estaba Bebo. En aquellas legendarias sesiones junto a Guillermo Barreto, percusionista que contrató para la orquesta que por aquellos entonces dirigía en el Tropicana. No nos costará entender el porque de su estrecha relación con Barreto a traves de unas declaraciones de éste «...no imagino a un buen percusionista ajeno al piano. Hay una enorme ligazón entre este instrumento y la batería. Trabajan juntos, con el bajo. En la actualidad, ese conocimiento me ayuda mucho en los arreglos. Y siempre lo toco un poco. Quizás soy un pianista frustrado».

No pasó desapercibido para Norman Granz, distinguido por su trato igualitario a blancos y negros en el clima racial que vivía Estados Unidos. El creador del sello Verbe, le eligió. Fue en 1.952. Para grabar aquel novedoso material y exportarlo a los Estados Unidos. Luego ya lo dice la canción "Se acabó la diversión. LLegó el comandante y mando parar". Recaló en Méjico y junto al bolerista chileno Lucho Gatica, el reloj que empezaba a no marcar las horas se le fue parando poco a poco. Hasta acabar en Estocolmo.

En 2001 volvió a grabar junto al contrabajista Israel López "Cachao" y al percusionista Carlos "Patato" Valdés, que a su vez, también había compartido escenarios con personajes como Tito Puente o el mismísimo Dizzy Gillespie. Todo el potencial de Bebo volvía a emerger como si siempre hubiera estado ahí. Donde no debió faltar nunca. En la primera línea. El disco ganó un Grammy al Mejor Álbum Tropical Tradicional. Al final de su carrera fueron nueve Grammy.

En 2003 llegó "Lágrimas negras" junto a Diego "El Cigala" y se aflamencó: "Contigo me voy flamenca aunque me cueste morir". La edad parecía no hacer mella en su magistral forma de tocar, de entender y de dialogar. Su sabiduría cada vez más infinita. La herencia de la edad de oro en la música cubana hablaba con su propia personalidad. Una personalidad siempre presente en su forma de tocar, de interiorizar y de exponer en su propio lenguaje, hablado con el blanco y negro de las teclas. Sólo nos cabe recordar la letra de esas lágrimas negras a modo de homenaje al gran maestro Bebo Valdés. "Siento el dolor profundo de tu partida. Y lloro sin que sepas que el llanto mío tiene lágrimas negras como mi vida".