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HISTORIA SOCIAL DEL FLAMENCO

Alfredo Grimaldos

La historia del flamenco que propone Alfredo Grimaldos es un viaje ameno, una mirada superficial y profunda a un mismo tiempo, una mirada a un espacio, a un patrimonio construido a golpe de quejío. A compás. Con testimonios y fragmentos que nos acercan a su lado más humano. Como en los cantes, raramente se relatan historias completas, y la autonomía de cada pieza de la narración contribuye a empaparnos de un carácter más que de una sucesión de acontecimientos, pero sobre todo de un carácter social. “El otro día, en Madrid, iba por la Gran Vía con mi maleta en la mano, camino del hotel Regente, donde paro siempre, y veo que se me acerca un morito por un lado. Enseguida noto que otro me va a cerrar, y entonces, me paro y les digo: “Pero ¿dónde vais?, si yo soy como ustedes”.(Rancapino)

Desde la huella que dejaron en los cantes de Cádiz las agresiones militares francesas a la Isla de León. No sólo las victorias o el frustrado intento Napoleónico que con la guasa propia de la región se recoge en alegrías y cantiñas. También el dolor de la traición Borbónica que abriera las puertas a los Cien Mil Hijos de San Luis para aplastar a los liberales españoles y a lo que se canta por seguiriyas, el palo más trágico. La época de la república tampoco pasa desapercibida y así se va narrando la historia de España vista por los flamencos. La guerra civil que también dejó una profunda huella y como no, un buen número de bajas en la lista de flamencos. Personajes casi anónimos como Manuel Montoya, padre del Farruco, que estuvo al mando de un batallón republicano de gitanos y payos durante la defensa de Madrid y que fue fusilado en este frente; hasta otros como El Chato de las Ventas o el Carbonerillo que se quedaron en este triste episodio de nuestra historia y que dejó paso a la dura represión de los vencedores y al hambre. “Los artistas siempre muy arreglaos, mucha brillantina en el pelo, la corbata muy tiesa, la camisa bien “planchá”… y “esmayaítos”. El día que no salía juerga, no se comía”. (Chano Lobato)

Esta historia social del flamenco nos ayuda a entender este arte dentro de su contexto histórico. Nos ayuda a entrar en contacto con la sociedad y con las distintas épocas convulsas que han ido modelando su devenir hasta la actualidad. Una mirada a la historia profunda desde una perspectiva absolutamente vivencial. Hechos narrados en primera persona que transmiten por otra parte todo el peso del dolor del alma o todo el estallido de necesidad de vida que quedará plasmada en su expresión musical.

No quiero dejar de hacer mención al epílogo en el que el autor expone sus temores ante el retroceso de un periodismo cultural con criterio, nos quedamos con estas líneas que expresan perfectamente ese temor compartido: “Todavía hoy resulta mucho más fácil escribir de un invento bien promocionado por una compañía discográfica fuerte que de un cantaor con verdaderos fundamentos flamencos. La diferencia es que el invento se lo venden las compañías directamente al redactor jefe y, además, cuando la nueva estrella aparece en varios medios importantes, se produce un contagio colectivo. Las presentaciones de los famosos son de obligado cumplimiento informativo y la mayor parte de los artistas flamencos de verdad los tenemos que colar usando todo tipo de trucos adquiridos a lo largo de nuestra ya larga vida profesional.” (Alfredo Grimaldos)